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Un nuevo informe de SFS identifica trazas de cocaína y sustancias químicas asociadas a su producción ilícita en sistemas hídricos colombianos, y advierte sobre contaminación difusa, exposición crónica, seguridad alimentaria y las cadenas transnacionales de insumos químicos que sostienen la producción de cocaína.

WASHINGTON, D.C.El Center for a Secure Free Society (SFS) publica “Contaminación Invisible: cocaína e insumos químicos asociados a su producción en el agua potable de Colombia,” un nuevo informe que examina cómo la economía de la cocaína está dejando una huella química medible en los sistemas hídricos, los ecosistemas, la salud pública, la agricultura y la seguridad nacional de Colombia.

El hallazgo principal del informe es que se detectaron trazas de cocaína y sustancias químicas asociadas a su producción ilícita en sistemas de agua que abastecen a importantes ciudades colombianas. La cocaína fue detectada en agua del grifo en Bogotá, Cartagena, Popayán y Quibdó, y en agua de entrada al sistema en Cali. En conjunto, estas ciudades suman más de 11,8 millones de habitantes.Los análisis de laboratorio también identificaron amoníaco, diésel, acetona, metanol, gasolina y otras sustancias en múltiples puntos de muestreo.

El informe combina el análisis estratégico de SFS con evidencia científica de campo derivada de la recolección y el análisis de muestras de agua realizados en Colombia. Entre finales de 2025 e inicios de 2026, se recolectaron y analizaron muestras en doce ciudades colombianas, incluidas Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Cúcuta y otros siete municipios. En conjunto, las áreas cubiertas por el estudio representan aproximadamente 17 millones de personas, equivalentes al 32 por ciento de la población colombiana. Esta cifra no incluye a comunidades rurales, ribereñas e indígenas ubicadas aguas arriba de los sistemas urbanos de tratamiento, que también pueden depender de las mismas cuencas hidrográficas.

Los hallazgos indican un patrón de contaminación química difusa y persistente en sistemas hídricos vinculados a territorios afectados por la economía de la cocaína.

El hecho de que algunas sustancias sigan siendo detectables después de la dilución, el transporte ambiental, la transformación química y el tratamiento convencional sugiere que lo que llega al grifo puede representar apenas la huella residual de un proceso de contaminación mayor que ocurre aguas arriba exponiendo a la contaminación crónica otras millones de personas.

El análisis de SFS sitúa estos hallazgos dentro de una cadena transnacional más amplia. La producción de cocaína depende de grandes volúmenes de combustibles, solventes, ácidos, bases y otros insumos químicos de doble uso. Muchas de estas sustancias circulan por canales comerciales legales y cadenas globales de suministro en las que la República Popular China ocupa un lugar central como gran productor y exportador de productos químicos industriales. A través de intermediarios, terceros países, rutas de reexportación, empresas de fachada y corredores logísticos con supervisión limitada, estos insumos pueden ser desviados antes de llegar a redes criminales en el hemisferio occidental.

El informe identifica esta cadena como algo más que un problema de narcotráfico. Se trata de un sistema estratégico que conecta producción química global, desvío ilícito, degradación ambiental, crimen organizado y exposición de la población.

La producción de cocaína no comienza únicamente en los cultivos de coca ni en los laboratorios clandestinos. Depende de una arquitectura global de manufactura química, transporte, finanzas y vacíos regulatorios que permite a las economías ilícitas operar a escala.

Las implicaciones sanitarias requieren atención urgente. Las concentraciones detectadas no establecen por sí solas un diagnóstico clínico ni prueban una emergencia aguda de salud pública. Sin embargo, la presencia de cocaína, solventes, nitrógeno amoniacal, metanol, hidrocarburos y otras sustancias en sistemas utilizados para el consumo humano plantea preocupaciones sobre exposición crónica y repetida, especialmente entre niños, adultos mayores y comunidades que ya enfrentan vulnerabilidades nutricionales, ambientales o sanitarias.

El informe también advierte que el impacto ambiental de la economía de la cocaína trasciende el consumo humano. Los residuos químicos asociados a la producción de cocaína pueden afectar ríos, suelos, ecosistemas y productividad agrícola. En un país cuya agricultura depende de la calidad del agua y de la estabilidad química del suelo, la contaminación persistente puede convertirse en un problema de seguridad alimentaria, con efectos sobre el desarrollo de cultivos, los costos de producción y la resiliencia de las cadenas agrícolas.

Para SFS, “Contaminación Invisible” subraya una preocupación central de seguridad nacional: el narcotráfico no es solo un problema criminal, sanitario o policial. Es una amenaza sistémica que contamina ecosistemas, explota el comercio global, degrada instituciones, distorsiona mercados, pone en riesgo a comunidades vulnerables e impone costos ocultos sobre la población civil en Colombia y en el hemisferio occidental.

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