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Feb 8, 2017 0 Comments

Tareck El Aissami: lo que hay que saber sobre el vicepresidente venezolano

Que es un extremista de izquierda, que tiene conexiones con la guerrilla y sectores vinculados al terrorismo en Medio Oriente, lo mismo que con organizaciones ligadas al narcotráfico. Que lo investigan la DEA y el FBI. De todo se dice. Pero Nicolás Maduro lo ha puesto en el despacho de la vicepresidencia del país y lo ha encumbrado como el súper policía de la revolución. Y él, por su parte, responde a cualquier acusación: que muestren las pruebas.

De Tareck Zaidan El Aissami Maddah se dicen muchas cosas pero la mayoría coinciden en dos puntos: la droga y el terrorismo. El nuevo vicepresidente de Nicolás Maduro ha sido señalado por organismos internacionales de presuntamente colaborar con el narcotráfico y con Hezbolá. Por otro lado él mismo se ha denominado como el verdugo de 70 narcotraficantes que ha puesto en la cárcel. Pruebas fehacientes de ambas afirmaciones todavía no hay.

El nombre y el aspecto físico del dirigente chavista hacen suponer que sus orígenes no son venezolanos. Efectivamente es hijo de sirios-libaneses que llegaron a Venezuela en búsqueda de una vida mejor.

En su casa la militancia política corre por las venas, pues su padre, Carlos El Aissami, fue jefe de la sección de Venezuela del partido Baath de Irak, una coalición pro Sadam Husseim. Shibli El Aissami, tío de Tareck, fue funcionario del régimen del fallecido presidente de Irak.

Desde el 12 de noviembre de 1974, el ahora vicepresidente de Venezuela vio la luz del mundo en su natal Mérida, a 660 kilómetros de Caracas, donde hizo parte de una vida juvenil austera, humilde. Luego se mudó a Cagua, en el estado Aragua al centro del país, donde recibió formación militar en la Escuela Básica de la Fuerza Armada Nacional.

Su paso por la facultad de Derecho de la Universidad de Los Andes –en Mérida- le permitió conocer a Adán Chávez, hermano del fallecido jefe de Estado venezolano y quien fue su profesor, su mentor. Desde ahí, El Aissami se mantuvo del lado izquierdo del polo, de la mano de su instructor ideológico, quien lo llevó a formar parte de las filas chavistas años después.

Mientras Hugo Chávez tomaba la presidencia en 1999, dentro de la ULA el dirigente político lideraba un movimiento estudiantil que fue cuestionado por sus propios compañeros, quienes aseguraban que tenía conexiones directas con movimientos guerrilleros. La preocupación estaba justificada por la cercanía de Mérida con la frontera colombo-venezolana.

La web www.soberanía.org relata que mientras el oficialista fue presidente de la Federación de Centro de Estudiantes, los dormitorios del campus universitario sirvieron como guarida de planificación de los insurrectos. “De las 1.122 personas que habitaban en las residencias, tan solo 387 eran estudiantes”, asegura el portal.

Detrás de bastidores

La ideología de El Aissami siempre ha estado clara y sus objetivos por formar parte del Gobierno de Chávez también. Con el título de abogado en mano decidió especializarse en criminalística. Una fuente ligada al gobierno de Maduro señaló que fue una recomendación de su mentor ¿Qué mejor que estudiar criminalística en un país cuyas muertes violentas vienen en crecimiento sostenido desde el año 1999?

Durante sus estudios de postgrado y posterior graduación, El Aissami estuvo dedicado a trabajar dentro del gobierno de Hugo Chávez y dentro del Movimiento V República, que fue el origen del fusionado Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

En ese interín, Adán Chávez le presentó a su hermano presidente al joven andino, “estudiado” y de izquierda. El Aissami envolvió a Chávez con su verbo irreverente y radical, porque si algo ha caracterizado al vicepresidente de Venezuela es el radicalismo por sus creencias. No maneja las medias tintas.

El ascenso

En 2003 el joven fue designado jefe de la Misión Identidad, un plan social del gobierno que buscaba regularizar el estatus de extranjeros indocumentados y además emitir documentos de identidad a venezolanos.

Desde este punto, El Aissami nunca fue en retroceso dentro del chavismo. Aquel muchacho de escasos recursos, hijo de extranjeros y nacido en la provincia, había pasado a ser un hombre con estudios de tercer nivel y que trabajaba para la administración central, donde además entrelazaba al chavismo con el Medio Oriente.

Su fidelidad a Chávez le mereció su primera candidatura. Aspiró y ganó la diputación al Parlamento en 2005. Con 97% de los votos representó a su estado natal. El Aissami era todo lo que Chávez necesitaba en aquel momento: juventud, irreverencia, compromiso con la causa. Llegó para oxigenar a un gobierno que para ese entonces entraba en su fase “socialista”, como se autodenominó en 2006.

Tanto despuntó que en 2007 Chávez lo sacó del hemiciclo parlamentario y lo sentó en el viceministerio de Prevención y Seguridad Ciudadana. Ocho meses después, exactamente el 8 de septiembre, El Aissami cambió de despacho y comenzó a figurar como flamante ministro de Interior y Justicia de Venezuela.

En pleno clímax de su carrera, El Aissami parece haber oscurecido su entorno. Era el máximo regente de justicia venezolana y todavía tenía nexos en las oficinas de Inmigración y Extranjería de Venezuela, una combinación que le valió la investigación del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés).

Un estudio realizado por el Centro para la Sociedad Libre y Segura, reveló que al menos 173 ciudadanos de Medio Oriente sospechosos fueron capturados con documentos de identidad venezolana. Estos datos fueron rastreados por el FBI, que detectó que entre 2008 y 2012, tiempo en el cual El Aissami fue ministro, Venezuela se convirtió en un “trampolín” para los militantes del grupo terrorista Hezbolá que buscaban ingresar a Estados Unidos.

La mayoría de los que llegaron a Venezuela provenían Irán, Líbano y Siria, según Joseph Humire, director ejecutivo de la SFS.

Además, según información de la revista brasileña VEJA, El Aissami también dio refugio por dos semanas a Bushra Assad, hermana del dictador sirio, Bashar al Assad, antes de irse a Dubai, lo que podría demostrar la cercanía del chavismo al Medio Oriente.

De lavado, carteles y algo más…

Con tan solo una búsqueda en Google el nombre Ghazi Nasr al-Dine aparecerá sin mucho esfuerzo: se trata de un libanés-venezolano solicitado por el FBI e íntimamente ligado a Hezbolá y a El Aissami, según fuentes de inteligencia de EEUU.

La DEA también tiene los ojos sobre al-Dine y El Aissami por su supuesta colaboración con el tráfico de drogas del Cartel de los Soles, una organización delictiva que, según algunos informantes de la DEA, estaría liderada por oficiales e importantes figuras del chavismo.

Además, la oficina de seguridad estadounidense aseguró que al-Dine inauguró un centro comunitario y una oficina en Venezuela con fondos de Hezbolá.

De las investigaciones del Centro para la Sociedad Libre y Segura también resalta que el nuevo vicepresidente madurista presuntamente lidera una red terrorista-criminal conformada por más de 40 empresas en toda Latinoamérica que envían dinero ilícito al Merdio Oriente. Esta red estaría gestionada por su hermano, Feras El Aissami, quien según SFS, por sus siglas en inglés, participó en una operación de lavado de dinero del Banco Libanés Canadiense y en el tráfico de toneladas de  droga provenientes de Colombia y México.

El vicepresidente sabe que lo tienen fichado, por eso en algunas ocasiones durante el ejercicio de sus funciones no ha dudado en señalar como mentiras todas estas investigaciones.

“Si ellos sacan una sola prueba de todo lo que se nos acusa, yo pongo mi cargo a la orden y renuncio al cargo de gobernador inmediatamente y no con la campaña infame y calumniosa que hay contra nosotros, basada en falsos testigos. A nosotros no nos amenazan ni decretos imperiales, ni campañas infames, ni somos chantajeables”, dijo en 2015 cuando comenzaron las indagaciones del FBI y la DEA.

Pero no ha sido la única vez que El Aissami ha sido señalado del lado de los malos. En junio de 2015 el exgobernador de Aragua, Rafael Isea -uno de los principales testigos protegido por el gobierno federal de EEUU- según fuentes ligadas a Estado norteamericano señaló al nuevo vicepresidente como un traidor al “legado” de Chávez y asomó que durante la enfermedad del fallecido mandatario fueron varias las tretas del alto funcionario. “Recuerdas lo que te dijo en el chinchorro. Cobarde”, escribió Isea en su cuenta de Twitter

El Aissami habría respondido sin palabras a estas acusaciones: según Isea, ordenó el allanamiento de la casa donde vivían su mamá y su hermana.

Isea dijo además que el narcotraficante aprehendido, Walid Makled pagaba a El Aissami por permitirle traficar droga en Venezuela mientras fue Ministro de Interior y Justicia.

Makled fue sentenciado a 14 años y seis meses de prisión por legitimación de capitales y tráfico de drogas. Previo a su extradición a Venezuela, desde Colombia, fue entrevistado por agentes de la DEA a quienes confirmó que entre 2007 y 2012 le pagó a Feras El Aissami, hermano del vicepresidente, para que invirtiera dinero del narcotráfico en la pujante industria petrolera venezolana, según confirmó un informante del gobierno de EEUU.

Quizás por este particular es que la fiscalía de Houston ha iniciado una investigación a El Aissami por supuestas actividades ilícitas en Petróleos de Venezuela, según aseguró una fuente judicial estadounidense. Pero además, la fuente asoma que habría un posible expediente abierto para investigar los frecuentes viajes de la familia del exgobernador a Miami y Boston

Un funcionario de sangre

Solo en 2012, el último año de El Aissami como ministro de Interior y Justicia, en Venezuela se contabilizaron 21 mil muertes violentas, de acuerdo con cifras del Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV). Cifras oficiales no hay porque  parte de su legado como ministro fue dejar de revelar la data oficial sobre los crímenes que ocurren en el país.

El año anterior no fue distinto: 19 mil 300 muertes violentas ocurrieron en 2011 en Venezuela. Los niveles de impunidad en ambos años ascienden a 90%, según la ONG.

Durante los cuatro años de El Aissami al frente de Interior y Justicia, también se activaron 21 planes de seguridad. Ninguno de ellos surtió efecto. De hecho, en 2017 ninguno está vigente.

Sin embargo este antecedente no fue determinado por Maduro para designarlo como su “segundo al mando”. “Tareck fue el ministro de Interior más exitoso que ha tenido la revolución bolivariana”, dijo Maduro días después de la designación del exgobernador.

Pero no solo Maduro pareciera estar embelesado con El Aissami, pues Chávez, un tipo duro y autócrata dentro de su gestión, inclusive asumía consejos políticos del ahora vicepresidente.

“Tareck me dio poderosas razones por las cuales él no podrá asumir ese compromiso, y hay que respetárselo. Ahora tenemos que buscar un nuevo candidato para la gobernación de Táchira, que unifique la revolución en Táchira”, dijo Chávez el 11 de agosto de 2012, durante un acto de campaña en su última carrera para unas presidenciales.

De su faceta como gobernador del estado Aragua, el último cargo que ocupó desde 2012 y antes de ser ubicado en las puertas de la presidencia, también se desprenden cifras violentas. Pese a que tenía la administración de la policía estatal, en Aragua el número de muertos se elevó a 142 personas por cada 100 mil habitantes este 2016, según la OVV.

La organización civil Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) en su informe de 2015 señaló que la Policía de Aragua fue el organismo más represor y violador de derechos humanos. En 2014 fueron responsables de 11 asesinatos y en 2015 la cifra se elevó a 26.

Hoy frente a la vicepresidencia, El Aissami también está encargado de la seguridad de la nación, según se lo delegó Maduro.

Las cifras rojas de su gestión parecen no importar. El radicalismo y la fidelidad del nuevo vicepresidente con el Poder Ejecutivo lo facultaron para actuar en materia de seguridad ciudadana y de inteligencia, porque también tiene las riendas de la policía política del país, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, Sebin. El Aissami, queda claro, es el policía más poderoso del país.

A un paso del trono

“Si por alguna razón Maduro no pudiese terminar… “, parece la coletilla final de un concurso de belleza, pero resulta que también aplica a la política venezolana. Si Maduro decidiera renunciar a la jefatura de Estado, El Aissami entra en juego. Según los últimos acontecimientos, parece que no es una idea descabellada dentro del chavismo.

“Para ser elegido Presidente o Presidenta de la República se requiere ser venezolano o venezolana por nacimiento, no poseer otra nacionalidad”, establece el artículo 227 de la Constitución de Venezuela. Pero eso cambió. El 20 de enero el Poder Judicial emitió una sentencia en la que “interpreta” esta disposición y abre la posibilidad para que ciudadanos de doble nacionalidad puedan aspirar a la presidencia y a otros cargos públicos.

“Los venezolanos por nacimiento que posean otra nacionalidad, bien sea porque sus padres eran extranjeros y eso le facilitó acceder a ella, porque se casaron con un ciudadano de otro país o porque vivieron en otro país, podrán aspirar a la Presidencia de la República, siempre y cuando renuncien a la segunda ciudadanía antes de postularse”; sostiene la sentencia.

Según las leyes Sirias, los hijos de padres oriundos de ese país adquieren la nacionalidad automáticamente, sin necesidad de solicitarla. De hecho, la condición de sirio es una herencia directa: si el papá lo es, el hijo también sin importar en qué parte del mundo haya nacido. De ahí se concluye que El Aissami es sirio y venezolano, a menos de que ya haya renunciado a la otra nacionalidad, cosa que no se conoce de manera pública.

El Aissami está a un paso de Miraflores. Si por alguna razón Maduro no puede completar su periodo, El Aissami terminaría sentándose en la silla presidencial hasta 2018. ¿Pasará? No se sabe, el ritmo de la crisis política y la pugnacidad definirán el futuro en los próximos meses: aquí nada está escrito.

Lee el artículo original, por Odell López Escote, en VerticeNews.com

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