publications

Latin America and Caribbean

Jan 26, 2015 0 Comments

Alberto Nisman y la Casa Rosada: las columnas del nuevo terrorismo de Estado

Por estas horas, analistas internacionales de renombre han comenzado a preguntarse si la muerte de Alberto Nisman podría inscribirse en la larga lista de asesinatos selectivos encargados por la República Islámica de Irán en el extranjero -mecánica que remite a la guerra decretada por Teherán a Occidente, hace ya más de dós décadas. Chris Dickey (The Daily Beast, EE.UU.) se refiere al tema en su más reciente trabajo: ‘Entre 1987 y 1993 -de acuerdo a un memo publicado por el gobierno francés, bajo el ensayo intitulado ‘Le Hezbollah Global‘, un aproximado de dieciocho oponentes al régimen de Teherán fueron asesinados en Europa, en tanto la CIAestimó que, entre 1989 y 1996, la Red Hezbolá llevó a cabo una serie de doscientos ataques que se cobraron centenares de vidas’ (…) Ya hacia fines de los años noventa, el gobierno iraní decidió, en apariencia, ralentizar el ritmo de estas operaciones luego de que muchas de ellas comenzaron a aumentar la temperatura del escenario. Los alemanes condujeron una profunda investigación sobre el homicidio de líderes kurdos en Berlín en 1992, dando con la identidad del entonces jefe de la inteligencia iraní, Ali Fallahian. El atentado contra la AMIA de 1994 motivó la ira internacional. Y el ataque con explosivos en las Torres Khobar en Arabia Saudita en 1995, que acabó con la vida de diecinueve ciudadanos estadounidenses, condujo eventualmente a otro grupo de acólitos pro-iraníes’. Adhiere a esta narrativa el experto en relaciones internacionales Joseph Humire, del think tank estadounidense Center for a Secure Free Society, en su artículo Iran’s Invisible Shadow in a Prosecutor’s Death (La Sombra Invisible de Iran en la Muerte de Fiscal). Complementariamente, la lectura del paper Canada on Guard: Assessing the Immigration Security Threat of Iran, Venezuela and Cuba -desarrollado para el CSFS por Humire, Fernando Menéndez y Victoria Henderson (del instituto canadiense ISEA, Institute for Social and Economic Analysis) arroja más luz sobre el modus operandi de la República Islámica.


Acaso infortunadamente para el subsistema político regenteado por Cristina Fernández de Kirchner, la hipótesis de trabajo de los operativos iraníes convocados para terminar con la vida de Nisman bajo la modalidad del prejuicio extremo [en la jerga americana, extreme prejudice] también es analizada hoy por reductos del espionaje local -naturalmente alejados de la contaminada SI. Se estudia la variante de la zona liberada de Le Parc, con correlato en el encubrimiento oficial que busca imprimirle a la causa la carátula de suicidio a cualquier precio. La colección de torpezas acometidas por Sergio Berni el próximo-pasado domingo 18, el inveterado modelo de presiones contra actores judiciales y el súbito desasosiego que se ha apoderado de protagonistas marginales, ponen de suyo para que miradas entrenadas se posen sobre la centralidad de la República Islámica en el turbio proscenio.

Tesis: tras años de explotar las falencias del Estado Nacional en materia de seguridad, inteligencia y relaciones exteriores, Teherán montó en la República Argentina una estructura de espionaje clandestino, al tiempo que aprovechó para nutrir un aceitado networking entre sus propios dignatarios y personeros de ideología radical vinculados con el kirchnerismo y de probada filiación con la proposición fundamentalista de Hezbolá (brazo político y paramilitar imprescindible en el esquema de guerra proxy o subsidiaria de Irán). Asimismo, la intromisión iraní en el escenario argentino se vio facilitada por la cooptación ideológica de la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE), cuya misión y objetivos fueron convenientemente reorientados con miras a satisfacer el intercambio de petróleo por commodities y, en el ínterim, aliviar la situación de los responsables del atentado a la AMIAfrente a INTERPOL.

Ya en el terreno -y siempre de la mano de la hipótesis propuesta-, la disfuncionalidad de la justicia y la inexistente política criminal perfectamente pudieron servir para facilitar el trabajo de los operativos iraníes para silenciar a Alberto Nisman. Sin necesariamente mediar colaboración intergubernamental para conducir al magnicidio, Teherán pudo concluir unilateralmente que escenario y timing [oportunidad] se alineaban con precisión astrológica: los funcionarios argentinos del área de Seguridad, el sistema político en control, magistrados y fiscales deberían lidiar eventualmente con su propia tontería –mermando en el agenda setting de los medios de comunicación el foco de la responsabilidad iraní. Adicionalmente, la necesidad del Gobierno Nacional de caratular el asunto como suicidio también resulta funcional a los intereses geoestratégicos del Doctor Hassan Rouhani (lectura recomendada: Michael Rubin [American Enterprise Institute], en http://www.elojodigital.com/contenido/11781-descifrando-la-toma-de-decisiones-de-iran-y-su-estrategia-actual), provisto que Teherán no puede hoy día obsequiarse más publicidad negativa dentro del contexto global vigente. Y, al cierre, sobresale un sinfín de actores de reparto plausibles de ser descartados a raíz de la caracterización suburbana de ‘idiotas útiles’ que les aplica (Luis D’Elía, Luis Farinello, Fernando Esteche y Quebracho, Allan Bogado, Diego Lagomarsino).

Así las cosas -y, para los actores involucrados- el terror regirá (o debería regir) la dinámica de los acontecimientos. En simultáneo, la desesperación oficial por motorizar la proposición del suicidio del fiscal alimentará las tácticas del establishment estatal y paraestatal, en pos de diluir la resolución del caso y lograr, de esta manera, morigerar la frágil situación de la Presidente. Por estos momentos, esta responsabilidad ha quedado en manos del tándem César Milani-Horacio Pocino (afiliados a los postulados ideológicos de la ex Ministro de Defensa Nilda Garré y del triple agente de inteligencia Horacio Verbitsky). Sin importar que la estratagema remita a un nuevo subcapítulo en las guerras de inteligencia en curso -conforme la nueva meta de la Casa Rosada es endilgarle a Jaime Stiusso la autoría del magnicidio de referencia.

En tanto la SI oficia directamente como facilitadora para la impunidad iraní, será -en algún futuro- responsabilidad eventual de las instituciones de la Nación diseccionarla, sometiéndola al debido escrutinio y a un draconiano proceso de auditoría y reconversión, con sus inevitables recortes de presupuesto. Finalmente (y, valga la ironía), la Ley Antiterrorista (aprobada por la gestión Fernández de Kirchner) podría hacer las veces de instrumento válido para perseguir judicialmente y luego procesar a los ásperos interlocutores locales del régimen de los ayatolás; los primeros se encuentran en mejor posición que nadie para desmenuzar el tejido de relaciones y contactos alimentados por la República Islámica no solo en este país, sino en América del Sur. Como tales, representan una fuente de información que comporta un altísimo valor agregado.

A los efectos de elaborar un cuadro de situación más completo, será necesario evaluar a consciencia los siguientes aspectos:

– La serie de presiones interpuestas por la Procuradora Alejandra Gils Carbó contra la persona de Viviana Fein -fiscal que entiende en el Caso Nisman-. La intromisión tiene por claro objetivo eludir el esclarecimiento de lo sucedido, salvaguardando los objetivos de la Administración, cifrados renglones arriba;
– El rol de enlace local de la República Islámica de Irán encarnado por el agente inorgánico de la Secretaría de Inteligencia Ramón Allan Bogado, cuya voz emerge en los audios del fiscal Alberto Nisman, refiriéndose a la suspensión de reuniones entre contactos a raíz del frágil estado de salud de Cristina Kirchner. Relevamiento que resultará crucial, puesto que: a) Bogado contaba con visto bueno oficial para llevar a cabo su faena y, b) su participación permitirá respaldar la subhipótesis de que la Presidente de la Nación estaba perfectamente al tanto del esquema de cancillería e inteligencia paralela configurado para negociar clandestinamente con Teherán;
– El referido Bogado tenía por costumbre merodear oficinas tanto de AFIP y Aduana Argentina, anunciando su condición de agente de la SI; credencial en mano, eludió oportunamente los controles de la seguridad privada en Impuestos, salteando los sistemas de seguridad biométricos instalados para dificultar el ingreso a cualquier piso de esa dependencia federal. Su objetivo: insertar a cuatro elementos de su círculo en ambas oficinas -elementos llamados a servir como facilitadores para un pequeño grupo de operaciones pro-iraní en la Triple Frontera. Este núcleo reportaría al personero local de Teherán, Yousef Khalil (o ‘Jorge’ Khalil);
– Evaluar (en conformidad con el ítem anterior) la responsabilidad de Ricardo Echegarayen el esquema descripto; fundamentalmente, tomándose como base la eventual declaración de un funcionario de AFIP que fuera relevado de sus funciones por permitir el libre ingreso de Bogado;
– Analizar en su verdadera dimensión el rol del individuo no identificado de sexo masculino que, en filmaciones captadas en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini, acompaña -presuroso- a Alberto Nisman en el papeleo burocrático a instancias de su último ingreso al país. El NN portaba en su solapa un pin de Presidencia de la Nación (como tienen por costumbre hacer los elementos de la SI) y, complementariamente, será de utilidad indagar en la profundidad de la interna de índole jurisdiccional entre la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil, a cargo de Alejandro Granados Junior, miembro de La Cámpora). Los equívocos de ambos órganos en materia de seguridad han empujado a la Fuerza Aérea Argentina a intentar recuperar protagonismo en el complejo, tras ser relevada de sus funciones en la terminal aérea por orden expresa del ex presidente Néstor Carlos Kirchner.

Esta miríada de consideraciones no solo permitirá entrever el alcance real de la superestructura de carácter heterogéneo y clandestino montada por la República Islámica de Irán junto a sus socios en el gobierno argentino. Sus efectos devastadores deberían recaer en los protagonistas directos de esta configuración, esto es cierto; pero también le tocará responder a funcionarios encargados de la comunicación oficial (por caso, Jorge Milton Capitanich Popovich) o al flamante Señor 5 de la Secretaría de Inteligencia (Oscar Parrilli).

A la postre, las conclusiones no parecen prestarse a mayor debate: el tejido de relaciones que comienza a llegar por goteo a los escritorios de los analistas políticos del orden local invita a colegir con facilidad que el kirchnerismo no solo se ha involucrado en una relación carnalperniciosa para los intereses nacionales (llámese Irán). El rol desempeñado por los servicios de inteligencia civiles (y, eventualmente, militares) conduce a certificar la existencia de un sistema sólidamente arraigado en el formato del terrorismo de Estado, con la Presidente de la Nación Cristina Elisabet Fernández Wilhelm actuando como facilitadora -y emisora de órdenes y contraórdenes– entre bambalinas. Incapacitada para alegar demencia, torpeza o desconocimiento, en virtud de su rol protagónico y del grado de planificación y el esfuerzo requeridos para depositar al país en el escenario ahora bajo análisis. Abundantes en mecanismos de desplazamiento y narcisismo, los conceptos por ella compartidos en su reciente exposición en Cadena Nacional, dan forma a una mecánica que tiene por meta declarada la eliminación de las pruebas.

Con respecto a la cuestión de fondo, si acaso la administración de justicia en la República Argentina procede o no, ello será puramente anecdótico. La comunidad internacional -por la vía de sanciones u otros mecanismos no necesariamente de corte institucional– eventualmente reaccionará.

Lee el artículo original, por Matias E. Ruiz, en El Ojo Digital.

Leave a Comment
First
E-Mail